Leones en invierno: Luis Zahera y un thriller que no te deja respirar
Albert Pintó adapta la novela de Carlos Augusto Casas en un thriller seco y nocturno sobre un padre que vuelve a ser el hombre que juró no volver a ser. Me gustó mucho, pero aviso: es de las que se quedan dentro.

Análisis
Hay películas que se ven y películas que se aguantan. Leones en invierno es de las segundas, y lo digo como elogio. Albert Pintó, que ya nos había encogido el estómago con Malasaña 32 y Nowhere, cambia el terror por el cine negro, pero mantiene lo que mejor sabe hacer: encerrar a sus personajes en un espacio cada vez más pequeño.
La premisa es sencilla y terrible. Alejandro Hidalgo, panadero, padre y antiguo ultra, pierde a su hija en un atropello. El conductor huye y la investigación avanza demasiado despacio para alguien que no puede dormir. Así que Alejandro busca a dos viejos compañeros de grada: uno es ahora policía y el otro sigue atrapado en las drogas. El pasado que creía enterrado vuelve a abrir la puerta.
Todo descansa sobre Luis Zahera, y Zahera lo sostiene. Acostumbrados a verle desbordado y magnético, aquí trabaja hacia dentro: un hombre que contiene la rabia hasta que ya no puede, y en el que el duelo pesa más que la sed de venganza. Es una interpretación que no busca caer simpática, y por eso funciona.
Visualmente, la película vive de noche. Luz dura, calles sucias y el horno de la panadería como imagen que vuelve una y otra vez, con su fuego y sus colores. Pintó incluso estrecha el formato de la imagen cuando «el león» despierta, y el truco funciona: sientes la presión sobre el personaje.
El reparto es de lujo: Inma Cuesta, Roberto Álamo, Luis Callejo, José Manuel Poga, Jordi Mollà, Ana Wagener e Irene Escolar. Callejo está impecable. El problema es que no todos tienen espacio: varios secundarios y los villanos se quedan en esbozo.
El guion de Juma Fodde condensa mucho la novela y se nota. Hay diálogos forzados y decisiones del tramo final que habrían necesitado más recorrido. También pierde parte del retrato del mundo ultra que tenía el libro, que aquí queda más suave.
Y un aviso necesario: es dura. La violencia aparece sin filtros y con consecuencias, nunca como espectáculo, y el final es de los que golpean. No es una película para una noche tranquila de sofá.
De la novela a la pantalla
Leones en invierno nace de la novela homónima de Carlos Augusto Casas, y el guion de Juma Fodde la lleva al cine en 117 minutos. La adaptación cambia detalles importantes: en el libro, Alejandro es contable; en la película, panadero. Parece un cambio menor, pero no lo es. El horno se convierte en una de las imágenes más potentes de la película: el fuego que alimenta a una familia y, a la vez, el que arde dentro de un hombre que intenta no volver a ser quien fue.
El precio de condensar una novela se paga en los secundarios y en el retrato del mundo ultra, que en la película queda más superficial. Aun así, el núcleo emocional del libro sigue ahí: un padre, una pérdida y una pregunta sin respuesta fácil.
Un reparto de primera fila
Pocas películas españolas de este año reúnen un reparto así. Junto a Luis Zahera están Inma Cuesta, Roberto Álamo, Luis Callejo, José Manuel Poga, Jordi Mollà, Ana Wagener e Irene Escolar. Son actores que suelen sostener películas enteras, y aquí muchos aparecen en papeles breves.
Zahera, ganador de dos Goya por El reino y As bestas, demuestra que puede llevar el peso de una película entera. Luis Callejo, que ya protagonizó otra historia de venganza memorable en Tarde para la ira, vuelve a estar impecable. Lo único que se echa en falta es más tiempo para que el resto pueda brillar igual.
La venganza a la española
El cine español lleva una década demostrando que sabe hacer thrillers duros y con identidad propia: Tarde para la ira, Que Dios nos perdone, El reino o As bestas. Leones en invierno se suma a esa línea. No es un thriller de persecuciones y frases ingeniosas, sino una historia de barrio, de deudas antiguas y de violencia con consecuencias.
Mucha crítica la ha comparado con Venganza, la de Liam Neeson. Se entiende por la premisa, pero el tono es otro: aquí nadie es un héroe y cada golpe deja marca, también en quien lo da.
Albert Pintó cambia de género
Albert Pintó se hizo un nombre con el terror de Malasaña 32 y la supervivencia extrema de Nowhere. En Leones en invierno se pasa al cine negro, pero su forma de mirar sigue siendo la misma: espacios que asfixian, noches que no terminan y personajes acorralados.
Su decisión más llamativa es jugar con el formato de la imagen, que se estrecha cuando el protagonista se deja llevar por la violencia. Es un recurso sencillo, pero eficaz: el espectador siente que el mundo de Alejandro se cierra a su alrededor.
El título: ¿quiénes son los leones?
El título no está puesto al azar. Para mí, los leones son los hombres que un día fueron temidos en la grada y que el tiempo ha ido apagando: más viejos, más cansados, con vidas que intentan ser normales. El invierno es esa etapa en la que creían que ya no tendrían que rugir.
La película juega con esa imagen hasta el final, y el clímax la convierte en algo casi literal. Es de lo más potente de la película: una metáfora sencilla que da sentido a todo lo anterior.
Lo mejor y lo peor
Lo mejor:
✓ Luis Zahera, contenido y devastador.
✓ Luis Callejo, impecable en cada escena.
✓ La atmósfera nocturna y la imagen del horno.
✓ Un final que golpea de verdad.
Lo peor:
✗ Diálogos que a veces suenan forzados.
✗ Villanos y secundarios poco desarrollados.
✗ Algunas decisiones del tramo final llegan demasiado rápido.
¿Para quién es esta película?
Para quien disfrute del thriller español serio, del cine negro y de las interpretaciones grandes. No es para quien busque entretenimiento ligero ni para una tarde en familia: trata la muerte de una hija, la violencia y la culpa sin suavizarlas. Si este tema te toca de cerca, tómatelo con calma. Si no, ve al cine y déjate atrapar.
Si te gusta, mira también
Tarde para la ira (Raúl Arévalo, 2016): otra venganza seca y brutal, con Luis Callejo.
El reino (Rodrigo Sorogoyen, 2018): Antonio de la Torre y un Luis Zahera inolvidable en un thriller sobre la corrupción.
Que Dios nos perdone (Rodrigo Sorogoyen, 2016): cine negro madrileño en estado puro.
As bestas (Rodrigo Sorogoyen, 2022): tensión, rabia y un Zahera que da miedo.
Ficha
Dirección: Albert Pintó
Guion: Juma Fodde, basado en la novela de Carlos Augusto Casas
Reparto: Luis Zahera, Inma Cuesta, Roberto Álamo, Luis Callejo, José Manuel Poga, Jordi Mollà, Ana Wagener, Irene Escolar
Duración: 117 minutos
Estreno en cines: 22 de octubre de 2026
Distribuye: Sony Pictures
Mi opinión
Me gustó, y a la vez salí con el estómago encogido. No es una película perfecta: le sobran atajos de guion y le faltan minutos para algunos personajes. Pero tiene algo que muchos thrillers no tienen: verdad en el dolor.
Para mí no habla tanto de venganza como de culpa. De qué haces con la rabia cuando ya nada te va a devolver lo que has perdido. Zahera consigue que entiendas a Alejandro incluso cuando no quieres hacerlo, y eso es lo que te persigue al salir.
Si te gustaron Tarde para la ira, El reino o Que Dios nos perdone, ve a verla. Eso sí, ve preparado: es de las que pesan.